domingo, 8 de junio de 2008

V. EL GARBANZO.


EL GARBANZO.

Era uno de los compañeros de partida de Don Manuel. Don Alfonso era normal, cara normal, facciones normales, gafas normales, de unos cuarenta años allá por los ochenta, extremeño, sin nada destacable a no ser un hermoso mostacho que cuando era lengüeteado con la punta de la lengua de derecha a izquierda una y otra vez, provocaba la mofa del alumnado. Ese gesto de chuparse el bigote lo hacía sobre todo cuando se quedaba en silencio, con la mirada fija y el rostro serio clavado en un alumno que no podía aguantar la mirada y agachaba las orejas para evitar que justo en el momento de mirarse fijamente el docente y el alumno, alguien trompeteara la nariz, y se te escapara el más mínimo esbozo de sonrisa que fuera interpretado por el maestro como un agravio y una falta de respeto que no podía tener perdón. Mientras esta situación duraba, nunca menos de treinta interminables segundos, la lengua seguía perfumando los pelos del viejo bozo, que a lo largo de la tarde podía recibir litros de babilla.

Su cabello, de color decadente y peinado a escoplo, mostraba que el hombre había sido un rubito de ojos azules, cuya única limitación en la juventud para haber arrasado con las mozas del pueblo era los apenas ciento sesenta centímetros que le alejaban del suelo, y que los vestía con pantalón de verde pana gruesa, y jersey de punto por cuyo cuello asomaba otro perteneciente a una camisa a juego. Aún así, estaba casado y tenía dos nenes que crecían en el mismo colegio.

Era bajito, sí, pero de amplia espalda y redonda testuz, con un gesto que le hacía parecer un hombre de pocas bromas, por lo que nunca fue ni de lejos un profesor vacilado, y mucho te guardases de meterte con él porque no aprobabas historia ni en un millón de años, y si no, que se lo pregunten a Juan Carlos el "Chini", al que hizo repetir tercero de B.U.P, con solo la primera evaluación de historia suspensa, esto es, por unas treinta páginas de un libro tuvo que perder un año entero de su vida, y todo porque creyó que un día se había reído de él. Y es que en Salesianos no podías pasar a C.O.U. con el más mínimo suspenso.

Como profesor no era malo, sabía lo que decía, y controlaba bien su asignatura. Medía los tiempos perfectamente para que le diera tiempo a dar absolutamente todo, y si para ello tenía que mantener un ritmo infernal, lo mantenía sin problema. Al mismo tiempo que se aceleraba, su timbre de voz se disparaba de manera que se le podía oír a varias aulas de distancia. Ese ritmo diabólico, a menudo le traicionaba, le hacía cometer errores, sobre todo cuando hablaba de fechas llegando a decir que Mahoma nació en La Meca en el año 570, y que murió en Medina en 1632, una larga vida de 1062 años que habrían provocado los celos del mismísimo Matusalén. A parte, el jolgorio del alumno que atento a estos fallos, lo había cazado, y que con sus aspavientos, risitas y miradas hacia atrás buscaba un amigo con el que compartir algo de cachondeo.

Montero, extremeño también, no se llevaba mal con D. Alfonso, pero lo que no pudo nunca disimular era el coraje que le daba cada vez que el profesor lo llamaba a su mesa para comunicarle algo, y es que era terrible lo que salía de ese bigote, aunque retiraras un metro la cara para evitar que el aliento te golpeara directamente, el lagrimeo lo tenías asegurado, pues el hedor de salibillas en mostacho, es difícil de olvidar y te puede dejar marcado de por vida.

La Historia y la Geografía tampoco se libraron de la sapiencia de Montero.

He aquí algunos ejemplos.


El Paleolítico.

Es una Era, y se llama así, porque ya no es. Pasó hace muchos años, y es la época del hombre de las cavernas, o sea que vivían en cuevas, ya que no tenían demasiados medios para construir otro tipo de casas.

En el Paleolítico podemos diferenciar dos partes:

1º.- Parte positiva.

2º.- Parte negativa.

En la parte positiva podemos destacar lo ya mencionado de la vivienda, con la que podemos nuevamente distinguir partes positivas y negativas.

La parte positiva de vivir en una cueva es que potencia el ahorro de la familia, no debían pagar alquileres y eso supone un pellizco importante, además de que son fresquitas en verano y conservan buena temperatura en invierno.

También estaban más seguros que a la intemperie, sobre todo de noche.

Tantas comodidades les dio pie para inventar el arte, ya que las paredes con pinturas de su vida cotidiana quedaban menos tristonas que si no las hubieran pintado, y gracias a eso sabemos tantas cosas de como vivían.

Ahora bien, no pensemos que es oro todo lo que reluce, porque la parte negativa de vivir en las cavernas es que no avanzaban en ciertas cosas, se estancaban, porque el motor de una economía como la que conocemos es el turismo y la construcción, y si se encontraban la casa hecha, no necesitaban construir, y cualquiera se arriesgaba a buscar otra cueva, con lo que por tanto el turismo no se estiraba.

Esto en cuanto a lo positivo del Paleolítico.

En la parte negativa debemos reseñar que cómo harían los pobres para ver de noche, porque no había luz artificial, ni teléfonos, ni nada de lo que tenemos ahora, eso por no hablar de las medicinas, ¿se imaginan un dolor de muelas paleolítico? Mejor ni pensarlo. Así que la vida debía ser más dura de lo que nos creemos.

No obstante las cosas aunque han cambiado hay muchas similitudes, y me refiero al estilo de vida, ya que la gente tira hacia el campo para escapar de la gran ciudad, los ermitaños viven en cuevas, seguimos pintando las paredes solo que antes se llamaban pinturas rupestres y ahora se llaman grafitis, ellos no conocían la rueda y ahora hay mucha gente sin coche, hacían hogueras y danzaban en torno a ellas, así como ahora también hacemos igual en San Juan, cazaban un toro y hacían una fiesta, y ahora tenemos la fiesta de los toros, mataban una cabra a garrotazos y actualmente, aunque de forma más depurada se coge a la cabra y se la arroja desde un campanario y tantas y tantas similitudes entre las dos épocas. Y es que quizá, no ha pasado tanto tiempo desde el Paleolítico, es más, quizá en vez de una Era es un Es.


La II Guerra Mundial: Inicios. Rómel. Consecuencias.


La 2ª Guerra mundial es, como su nombre indica, la que va después de la 1ª (guerra mundial, claro). Se conoce que no hubo bastante con una y tuvieron que hacer otra. Los españoles casi no participaron, ni los suizos, y digo casi porque siempre se participa, de una forma o de otra. Por ejemplo con la gloriosa División Azul, o ayudando a cientos de judíos y franceses a escapar de los nazis, mediante una inteligente resistencia. Y, ¿cómo nos lo pagan los franceses?, aunque al principio es cierto que acogieron muchos inmigrantes, la verdad es que nos queman los camiones de naranjas, verduras, fresas de Huelva etc, y seguro que entre alguno de esos desagradecidos pirómanos está el hijo de algún francés ayudado por españoles.

Inicios: La guerra empezó como todas, con un disparo primero, otro después y luego ya se sabe, pero deberíamos mirar un poco más allá, introducirnos en la mente que urdió todo aquello, hacer el análisis del cerebro ansioso de poder y odio que un buen día pensó: ¡Mmm!, ¡qué bonita es Polonia, y Checoslovaquia!, me las quedo. ¡Anda!, y Hungría, pues también me la quedo. O sea, exactamente igual que algunos vascos con las Vascongadas, que les gusta Navarra, el sur de Francia, y no cogen Valencia porque esa se la piden los catalanes.

Por ello se puede decir que esas mentalidades, esos polvos, acarrean estos lodos. Lo malo de aquello que en su día hizo Hitler, no es ya el hecho de ocupar lo que no era suyo, sino la vista gorda que hicieron los franceses y los ingleses, ya que esa invasión quitaría de en medio a muchos comunistas de Europa. Y, bueno, bien está quitarlos, pero de otra forma digo yo. Pero amigo, el afán hitleriano no quedó ahí y dijo: "también me gusta París", y como los franceses no parecían dispuestos a regalárselo, en una semana no sólo se quedó con París sino con toda Francia. Y es que los nazis podían ser más o menos listos, pero lo que es seguro es que aparte de ansiosos eran rápidos y amigos de lo ajeno.

Romel: Entre todos los nazis destacó Rómel, y así, cual Cid Campeador, podríamos decir, que qué buen vasallo, si tuviera buen señor.

Lo apodaban el zorro del desierto, evidentemente lo de desierto está claro, y lo de zorro mucho más. Entre los animales los hay para todos los gustos, limpios, sucios, fuertes, listos, perezosos, bravos, escurridizos etc. por ejemplo, limpio cual armiño, sucio como una rata, fuerte como un elefante, listo como un zorro, perezoso como la cigarra, o como el perezoso, bravo como un toro, escurridizo como una anguila, etc. Creo que la pista está clara, además entre los zorros, curiosamente los del desierto están muy espabilados ya que no hay casi ni comida ni agua, y sin embargo ellos comen y beben estupendamente, recordando a amplios sectores de la población andaluza, que dicen no tener de ná, y sin embargo sin dar un palo al agua no les falta nunca para el fino y los pescaítos. En fin, que no es necesario aclarar más por qué a Rómel lo llamaban el zorro del desierto, y es que era el más listo y por eso comía y bebía mejor que sus compañeros.

Luchó contra los ingleses en el Sáhara, contra el ejército apodado las ratas del desierto, y utilizando la misma hipótesis, vemos claramente que en realidad el agua la tenía Rómel, y los ingleses en vez de zorros quedaron en ratas. Esta falta de higiene en el fondo les vino bien, porque los nazis cuando se enfrentaron a los ingleses no pudieron resistir el olor, y menos con esas temperaturas, y con el famoso olfato que tienen los zorros, no es de extrañar que Rómel perdiera la partida.

Consecuencias: Las consecuencias de la guerra fueron múltiples. Se puede decir sin miedo a equivocarnos que murió demasiada gente. También que se destruyeron ciudades, pero sobre todo que fue el final de Hitler, aunque no del nacional socialismo, ya que nacionalistas siempre hay, y socialistas también. También fue el final de Rómel, pero no de los zorros, ni de las ratas, ni de los desiertos, al contrario, estos avanzan como Paton avanzó por Europa, ya que hubo mucha deforestación, y además llueve poco y mal caído. Pero la principal consecuencia de la guerra fue que no aprendimos nada, que quizá es necesario otra un poco más fuerte para ver si nos damos cuenta de que no se debe guerrear más, por múltiples motivos que no explico porque nos desviarían del tema.


Marx.

Su auténtico apellido era Marks, y su primer nombre Leonard. Gran amante del teatro e ingenioso hidalgo del surrealismo, aprovechó las mismas pasiones que albergaban sus hermanos para lanzarse a una meteórica carrera teatral y cinematográfica..

Sus nombres auténticos eran Leonard (Chico), nacido en Nueva York en 1891 y muerto en Hollywood en 1961, Arthur (Harpo) 1893 - 1964, mismas ciudades, Julius (Groucho), Nueva York 1895- Los Ángeles 1977. Herbert (Zeppo), Nueva York 1901 - Palm Spring 1979. Había otro, menos conocido que se llamaba Milton (Gummo), nacido en Nueva York en 1894 y muerto en Palm Spring en 1977.

Su primera película es de1929 se titulaba Los cuatro cocos, basada en uno de sus espectáculos teatrales, igual que la segunda, titulada en español El conflicto de los Marx.
Otras obras que hicieron fueron:

Pistoleros de agua dulce o Naderías de 1931.
Plumas de caballo 1932.
Sopa de ganso 1933.
Una noche en la ópera 1935.

A partir de una noche en la ópera, Zeppo dejó de trabajar con ellos.

En 1948 terminó su carrera cinematográfica, pero nos dejaron obras maestras de lo que es el humor del absurdo, sobre todo con el diálogo desenfrenado de Groucho, difícil de igualar.

Con ellos trabajaron directores como Robert Florey, Victor Heerman, Norman Z. Mc Leod o Lee Mc Carey.

Stalin.

Es el seudónimo de un ruso moscovita que se llamaba Josif Vissarionovic Dzugasvili, o lo que es lo mismo Gori para los amigos.

Nació en 1879, y ya desde pequeño fue un revolucionario, participando en cuestiones clandestinas y protestando por todo, lo cual le daba ese típico carácter de niño conflictivo, peleón pero al mismo tiempo de repelente niño Vicente, aunque como he dicho se llamaba Josif. Lo peor es que como buen agitador de masas, no sólo las pagaba él, sino todo aquel que le anduviese cerca. Estar metido en tanto jaleo, hizo que le deportaran a Siberia, lugar poco acogedor, cuya calidez brilla por su ausencia, y donde si te haces llamar Gori, puedes convertirte en la amiga de todos. Así que lo mejor era pasar a ser Stalin, que en ruso significa acero. De esta forma se pueden evitar problemas sobre todo de asiento.

Se puso de parte de Lenin, comandó a los bolcheviques, y se alió a la muerte de Lenin con todo el que pudo con tal de quedarse el poder y que no lo cogiera Trotsky.

Se le ocurrió hacer las purgas, no para que se rascaran, sino para que todo aquel que estuviera en contra de él, o si no lo estaban que lo pareciera, y si no lo parecían porque se le antojaba, fueran deportados a Siberia, o simplemente liquidados in situ. Más de veinte millones de personas fueron ejecutadas en nombre del comunismo Stalinista, cifra que se queda corta si la comparamos con los más de setenta millones de chinos que fueron asesinados en nombre del comunismo de Mao.

En resumen, de Stalin podemos decir que era un revolucionario que daba igual el método usado con tal de satisfacer sus ansias de poder. Hizo bastante para erradicar el hambre de Rusia, simplemente se fusilaba al hambriento y se le acusaba de capitalista. Impuso en varios países su forma de entender el comunismo marxista. Puso a los científicos a desarrollar un gran arsenal atómico. Debía ser bastante narcisista, ya que hizo poner su nombre a una ciudad. Pero incluso a él, el hombre de acero le llegó su hora, aunque le llegó en forma de hemorragia cerebral en 1953.

Nunca fue juzgado como genocida.

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